Redes y Conectividad

Sistema de alimentación ininterrumpida: qué es y cómo elegir el de tu empresa

13 min de lectura
Sistema de alimentación ininterrumpida instalado en un armario rack de servidores de una empresa
El SAI sostiene la corriente los minutos que hacen falta para que los equipos se apaguen en orden

Por · Cofundador de Sale SystemsCofundador

La luz se va durante cuatro segundos. Nadie en la oficina le da importancia: vuelve enseguida, los flexos parpadean y se sigue trabajando. Pero el servidor que había en el armario se apagó de golpe, en mitad de una escritura en disco, y al arrancar de nuevo la base de datos no levanta. Ese corte de cuatro segundos acaba de costar una mañana entera. Un sistema de alimentación ininterrumpida existe precisamente para que ese instante no ocurra.

Escúchalo · Bit a Bit El SAI: cuatro segundos sin luz y una mañana perdida ¿Prefieres escucharlo? Tienes este artículo contado en 6 minutos en nuestro podcast.
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Qué es un sistema de alimentación ininterrumpida

Un sistema de alimentación ininterrumpida, que casi todo el mundo llama SAI o UPS por sus siglas en inglés, es un equipo que se coloca entre el enchufe de la pared y los aparatos que quieres proteger. Guarda energía en unas baterías y la entrega en el momento en que la corriente falla.

La palabra que importa de ese nombre es «ininterrumpida». No es un generador que arranca cuando se va la luz: el SAI ya está alimentando el equipo, así que cuando la red cae no hay transición perceptible. El servidor ni se entera.

Conviene aclarar desde el principio para qué no sirve. Un SAI no está pensado para seguir trabajando durante un apagón largo. Está pensado para darte los minutos necesarios para cerrar y apagar en orden. Quien busca aguantar horas necesita un grupo electrógeno, que es otra cosa y otro presupuesto.

Lo que de verdad le pasa a la corriente en una oficina

Cuando se habla de proteger equipos casi siempre se piensa en el apagón. Y el apagón es lo menos frecuente de todo lo que llega por el cable.

La red eléctrica de un polígono o de un edificio de oficinas entrega algo bastante más irregular de lo que imaginamos. Estos son los cinco problemas que un SAI corrige, ordenados por frecuencia:

  • Microcortes. Interrupciones de milisegundos que ni siquiera hacen parpadear las luces, pero que bastan para reiniciar una fuente de alimentación. Son el enemigo silencioso de los servidores.
  • Huecos de tensión. La tensión baja durante un instante, normalmente porque un motor grande ha arrancado cerca: un ascensor, una máquina del vecino, el aire acondicionado del edificio.
  • Sobretensiones. Subidas breves que degradan las fuentes poco a poco. No queman el equipo el primer día; le acortan la vida durante meses.
  • Ruido eléctrico. Interferencias que viajan por la línea y provocan errores difíciles de diagnosticar, de esos que acaban en «pues se ha vuelto a colgar».
  • Apagones. El corte completo. El más aparatoso y, en una zona urbana, el menos habitual.

Un equipo doméstico tolera casi todo esto porque se apaga y se enciende sin consecuencias. Un servidor con una base de datos abierta, un NAS en mitad de una copia o una centralita telefónica no tienen esa suerte.

Fuente externa — IDAE, Ministerio para la Transición Ecológica Ficha técnica del IDAE sobre sistemas de alimentación ininterrumpida

Los tres tipos de SAI y cuál le toca a cada empresa

Aquí es donde se toman la mayoría de las decisiones equivocadas, casi siempre por comprar mirando el precio. Hay tres familias y no son intercambiables.

SAI offline o standby

El equipo va conectado directamente a la red y el SAI solo entra cuando detecta que algo falla. Ese cambio tarda unos milisegundos, tiempo suficiente para que un ordenador de sobremesa no note nada.

Es la opción barata y la correcta para un puesto de trabajo, una caja registradora o un router. No lo es para nada que esté en un armario rack.

SAI en línea interactiva

Añade un regulador automático de tensión. Cuando la corriente baja o sube dentro de un margen tolerable, el SAI la corrige sin gastar batería. Solo tira de las baterías cuando el problema es serio.

Esto importa más de lo que parece: en una oficina donde la tensión baila, un SAI offline estaría consumiendo ciclos de batería todo el día y las agotaría en un año. El interactivo es la elección sensata para un NAS, un pequeño servidor o el armario de comunicaciones.

SAI online de doble conversión

El más completo. La corriente entra, se convierte a continua, carga las baterías y se vuelve a convertir a alterna limpia. El equipo protegido nunca toca la red eléctrica directamente: siempre se alimenta del SAI.

El tiempo de transferencia es cero, porque no hay transferencia. Es lo que corresponde a un servidor de producción, a una cabina de almacenamiento o a cualquier sistema que la empresa no se pueda permitir reiniciar.

Cómo se dimensiona: la parte que casi nadie explica

Elegir un sistema de alimentación ininterrumpida se reduce a dos números: cuánta potencia tiene que sostener y durante cuánto tiempo. Se equivocan los dos con la misma facilidad.

La potencia: cuidado con los VA

Los fabricantes anuncian sus equipos en voltiamperios (VA), pero lo que consumen tus aparatos se mide en vatios (W). No son lo mismo, y la diferencia la marca el factor de potencia del SAI.

Un equipo de 1.000 VA con factor de potencia 0,6 entrega 600 W. Otro de 1.000 VA con factor 0,9 entrega 900 W. Mismo número grande en la caja, un 50 % más de capacidad utilizable.

Regla de trabajo: suma el consumo en vatios de todo lo que vas a enchufar, añade un 25 % de margen para crecer, y solo entonces busca un SAI que entregue esa potencia en vatios. Nunca en VA.

Ese margen del 25 % no es prudencia excesiva. Un SAI trabajando siempre al 95 % de su capacidad calienta más, envejece antes y no deja sitio para el servidor que se comprará el año que viene.

La autonomía: menos de la que crees, y está bien

La pregunta «¿cuántas horas aguanta?» está mal planteada. La correcta es «¿cuánto tarda todo esto en apagarse en orden?».

Un servidor virtualizado con varias máquinas dentro necesita apagar primero las máquinas, luego el sistema anfitrión y por último el almacenamiento. Eso son entre cinco y quince minutos. Si el SAI sostiene veinte, sobra.

Y si aún estás decidiendo con qué plataforma virtualizar ese servidor, te vendrá bien saber cuándo compensa Proxmox en una empresa pequeña.

Duplicar la autonomía multiplica el precio y el tamaño del equipo. Ese dinero rinde mucho más invertido en subir de gama: un SAI online de veinte minutos protege bastante mejor que uno interactivo de una hora.

El apagado ordenado: la configuración que casi todo el mundo se salta

Este es el punto donde falla la mayoría de las instalaciones que revisamos. Se compra el SAI, se enchufan los equipos y ahí termina el trabajo. El resultado es un aparato que pita durante quince minutos mientras nadie lo oye, y después se apaga todo de golpe. Justo lo que se quería evitar.

Un sistema de alimentación ininterrumpida de gama profesional trae un puerto de red o USB y un software de gestión. Bien configurado, hace esto:

  • Avisa en cuanto se va la luz. Correo o notificación al responsable de sistemas, con la carga y la autonomía restante.
  • Apaga en cascada y por prioridades. Primero los equipos que pueden esperar, después los críticos. Cada uno con su orden y su tiempo.
  • Cierra las máquinas virtuales con el hipervisor. No corta la corriente: le pide al sistema que se apague correctamente.
  • Enciende de nuevo cuando vuelve la red. Sin que nadie tenga que ir a la oficina un domingo.

Configurar esto lleva una tarde. Se hace una vez y funciona durante años. Sin ello, un SAI es poco más que una regleta cara.

¿Sabes si el SAI de tu armario está configurado para apagar los servidores por sí solo? Consulta nuestro servicio de mantenimiento informático y lo revisamos contigo.

Dónde se coloca y qué no se debe enchufar nunca

Un SAI bien elegido puede rendir mal por culpa de dónde está o de lo que cuelga de él. Son fallos frecuentes y todos tienen arreglo antes de instalarlo.

Lo primero, la ventilación. El equipo disipa calor y las baterías lo sufren más que ningún otro componente. Un SAI metido en la parte baja de un armario cerrado, sin rejilla y con los servidores echándole aire caliente encima, tendrá la mitad de vida útil que el mismo equipo en un armario ventilado.

Y cuando el armario se queda pequeño y los equipos pasan a una sala propia, la ventilación ya no se arregla con una rejilla: ahí entran en juego los requisitos de climatización y alimentación de un centro de procesamiento de datos.

Lo segundo, el peso. Un modelo de rack con baterías internas puede pasar de veinticinco kilos. Va abajo del todo, sobre guías que aguanten esa carga, no en una balda intermedia.

Y lo tercero, lo que se conecta. Hay aparatos que no deben compartir SAI con los servidores porque piden picos de consumo enormes:

  • Impresoras láser. El fusor demanda de golpe cientos de vatios al calentarse. Ese pico puede tumbar un SAI que iba justo de potencia, apagando de paso todo lo demás.
  • Calefactores, cafeteras y microondas. Parece obvio dicho así, pero acaban enchufados ahí porque «era la regleta que quedaba libre».
  • Regletas encadenadas. Colgar una regleta de otra impide saber qué hay conectado y deja el equipo sobrecargado sin que nadie lo note hasta el primer apagón.
  • Aparatos de refrigeración. El aire acondicionado de la sala tiene su propia línea. En un SAI se come toda la autonomía en segundos.

Una costumbre que evita disgustos: pegar dentro de la puerta del armario una lista de lo que está conectado a cada salida, con su consumo. Cuando alguien quiera enchufar algo nuevo, sabrá si cabe.

Las baterías: el gasto que llega sin avisar

Las baterías de un SAI duran entre tres y cinco años. No mueren de golpe: van perdiendo capacidad poco a poco, y el equipo sigue indicando que todo marcha bien hasta el día en que hace falta.

La escena se repite: un SAI de siete años que sobre el papel da quince minutos de autonomía, se va la luz y aguanta cuarenta segundos. Nadie lo había comprobado nunca, porque nunca se había ido la luz de verdad.

El calor acelera el deterioro. Un armario mal ventilado en una sala sin aire acondicionado puede reducir la vida de las baterías a la mitad. Por eso conviene fijar tres costumbres:

  • Prueba de descarga una vez al año. Cortar la entrada y cronometrar lo que aguanta de verdad. Es el único dato que cuenta.
  • Sustitución programada a los cuatro años. Presupuestada de antemano, no como urgencia.
  • Revisar la temperatura del armario. Por encima de 25 grados, la vida útil empieza a caer rápido.

Qué pasa en una empresa que no tiene SAI

El coste de no tenerlo no se mide en aparatos quemados, aunque también ocurra. Se mide en horas.

Una base de datos que se corrompe por un apagado brusco obliga a restaurar la última copia. Si la copia es de anoche, se ha perdido el trabajo de la mañana, y alguien tiene que rehacerlo mientras el resto de la oficina espera. Un NAS que se apaga en mitad de una sincronización puede dejar los datos en un estado que hay que verificar archivo por archivo.

Y está el desgaste invisible: fuentes de alimentación que se degradan con cada sobretensión y acaban fallando dos años antes de lo previsto, sin que nadie relacione una cosa con la otra.

Por eso el SAI no es un accesorio, sino la primera capa de la disponibilidad de los sistemas: lo que sostiene el servicio mientras se activa todo lo demás. Encaja dentro del mismo plan que las copias de seguridad y la recuperación ante desastres.

Instalar un SAI correcto y configurarlo bien es de las inversiones más baratas que existen en infraestructura. Cuesta menos que una mañana perdida, y protege muchas más.

Preguntas frecuentes sobre los sistemas de alimentación ininterrumpida

Depende de la carga conectada y de la capacidad de las baterías, pero un equipo de oficina bien dimensionado suele sostener entre diez y veinte minutos. Esa autonomía no busca seguir trabajando, sino dar margen para apagar los sistemas en orden. Para aguantar horas hace falta un grupo electrógeno.

Offline o standby, que entra solo cuando falla la corriente y sirve para puestos de trabajo; en línea interactiva, que además corrige las variaciones de tensión sin gastar batería y es la opción para un NAS o un armario de comunicaciones; y online de doble conversión, en el que el equipo se alimenta siempre del SAI y que corresponde a servidores de producción.

Entre tres y cinco años, y el calor acorta ese plazo. La pérdida de capacidad es gradual y el equipo no siempre avisa, así que conviene hacer una prueba de descarga anual y programar la sustitución a los cuatro años en lugar de esperar a que falle.

Los voltiamperios son la potencia aparente que anuncia el fabricante y los vatios la potencia que el equipo entrega de verdad. La relación entre ambos es el factor de potencia: un SAI de 1.000 VA con factor 0,6 da 600 W, y otro de 1.000 VA con factor 0,9 da 900 W. Hay que dimensionar siempre en vatios.

¿Cuánto aguantaría tu empresa si se fuera la luz ahora mismo?

Revisamos la instalación, medimos la autonomía que queda de verdad y dejamos el apagado automático configurado. En Sale Systems lo vemos contigo antes de que haga falta.

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Quién escribe
Javier Horcajuelo Muñoz
Javier Horcajuelo Muñoz Cofundador de Sale Systems · Director de Sistemas y Seguridad Informática Ver perfil →

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