Llega la renovación de las licencias de virtualización y el precio no se parece al del año pasado. Le ha pasado a muchas empresas desde que VMware cambió su modelo de venta, y de ahí que un nombre que antes sonaba a laboratorio esté ahora en las reuniones de presupuesto. Proxmox es la alternativa que más se está mirando, y merece la pena entender qué es y qué no antes de decidir nada.
Qué es Proxmox
Proxmox —su nombre completo es Proxmox Virtual Environment— es una plataforma que permite ejecutar varias máquinas virtuales dentro de un mismo servidor físico. Se instala como sistema operativo del servidor y se administra desde el navegador, sin instalar nada en el equipo del administrador.
Está construido sobre Linux y usa dos tecnologías bien asentadas: KVM para máquinas virtuales completas y contenedores LXC para servicios ligeros. Ambas llevan más de una década en producción en medio mundo.
Su código es abierto y el producto se descarga gratis. Lo que se paga —opcionalmente— es la suscripción de soporte, que da acceso al repositorio estable y a la asistencia del fabricante. Gratis para probar, con soporte de pago cuando aquello sostiene tu negocio, que es la diferencia que muchas empresas no tienen clara.
Qué se puede hacer con él
La lista es la que espera cualquiera que venga de otra plataforma de virtualización.
- Consolidar servidores. Meter en una sola máquina física lo que hoy son cuatro equipos viejos, cada uno con su fuente de alimentación y su ventilador.
- Copias y restauraciones. Copia de seguridad de máquinas completas, programada, con la posibilidad de levantar una máquina entera en otro servidor.
- Alta disponibilidad. Si se juntan varios servidores en clúster, cuando uno cae sus máquinas arrancan solas en otro.
- Instantáneas. Congelar el estado de una máquina antes de una actualización y volver atrás en segundos si algo se tuerce.
- Migración en caliente. Mover una máquina de un servidor a otro sin apagarla, por ejemplo para hacer mantenimiento del hardware.
Proxmox frente a VMware: dónde está la diferencia
Comparar solo el precio de la licencia lleva a decisiones malas. Las diferencias que importan son estas.
El modelo de licencia. Proxmox se descarga sin coste y la suscripción de soporte se contrata por procesador y por nivel. VMware pasó a un esquema de suscripción por paquetes que, para instalaciones pequeñas, ha subido de forma notable. Ahí está el origen de casi todas las migraciones actuales.
El ecosistema. VMware lleva veinte años siendo el estándar: hay más integraciones con fabricantes de copias de seguridad, más técnicos con experiencia y más certificaciones. Proxmox ha crecido mucho, pero ese ecosistema todavía es más pequeño.
El soporte. Con VMware compras a un gigante y a una red enorme de partners. Con Proxmox compras a una empresa austríaca de tamaño medio, con un soporte al que se accede por ticket y que funciona bien, pero es otra cosa.
El conocimiento interno. Este es el factor decisivo y el que más se ignora. Proxmox está construido sobre Linux, y administrarlo bien —sobre todo el almacenamiento y el clúster— pide manejarse ahí. Si nadie en la empresa o en su proveedor tiene esa soltura, el ahorro en licencias se va en horas.
Cuándo compensa y cuándo no
Después de varios proyectos de este tipo, el patrón se repite bastante.
Compensa cuando la renovación de licencias se ha disparado y el entorno es de dos a cinco servidores; cuando hay quien administre Linux con soltura, dentro o fuera de la empresa; cuando se quiere montar un laboratorio o un entorno de pruebas sin gastar en licencias; y cuando lo que se virtualiza son servicios propios, no aplicaciones con requisitos raros del fabricante.
No compensa cuando el fabricante de tu aplicación crítica solo da soporte sobre una plataforma concreta —y hay sectores donde esto es la norma—; cuando dependes de herramientas de copia de seguridad que aún no lo integran bien; cuando el entorno es muy grande y ya tienes procesos maduros montados encima; o cuando la migración coincide con un momento de mucha carga de trabajo, porque mover máquinas de plataforma no es gratis en horas.
Migrar de plataforma de virtualización no es un cambio de software: es tocar el suelo sobre el que se apoya todo lo demás. Se hace con inventario, con pruebas y con marcha atrás preparada, o no se hace.
¿Te ha subido la renovación de licencias y estás valorando alternativas? Analizamos tu entorno y te decimos si migrar sale a cuenta en tu caso.
Cómo se plantea una migración sin sustos
El orden importa más que la herramienta. Este es el que seguimos.
- Inventario real. Qué máquinas hay, qué hace cada una, quién la usa y qué pasa si se para dos horas. Casi siempre aparecen máquinas encendidas que ya no sirven a nadie.
- Comprobar soportes. Preguntar por escrito al fabricante de cada aplicación crítica si soporta la plataforma nueva. Antes de comprar hardware, no después.
- Prueba con lo menos crítico. Se migran primero una o dos máquinas secundarias y se dejan funcionando semanas.
- Copias verificadas. Antes de mover nada, copia de seguridad probada de verdad, con una restauración de ensayo. Una copia que nunca se ha restaurado no es una copia.
- Ventana y marcha atrás. Migrar en fin de semana, con el entorno antiguo intacto hasta que el nuevo lleve días estable.
Hecho así, la migración es aburrida, que es exactamente lo que se busca. Está desarrollado con más detalle en cómo virtualizar la informática de tu empresa.
El almacenamiento: la decisión que más pesa
Aquí se juega el rendimiento y la fiabilidad de todo el entorno, y es donde más proyectos se tuercen por decidir deprisa. Hay tres caminos.
Discos locales con ZFS. Es lo habitual en un servidor único. ZFS es un sistema de archivos que verifica la integridad de lo que escribe, permite instantáneas casi instantáneas y comprime al vuelo. A cambio pide memoria: contar con bastante RAM dedicada solo a él no es un capricho, es el requisito.
Cabina externa por red. El almacenamiento vive en un equipo aparte y los servidores se conectan a él. Es lo que muchas empresas ya tienen montado con otra plataforma y se puede reaprovechar.
Ceph. Almacenamiento distribuido entre los propios nodos del clúster: no hace falta cabina y el sistema tolera que se caiga un servidor entero. Es potente y es donde brilla Proxmox, pero exige al menos tres nodos, red rápida dedicada y alguien que sepa lo que hace. Montarlo con dos servidores y una red compartida es la receta de un disgusto.
Una regla que sirve casi siempre: si el entorno es un servidor y una copia fuera, ZFS. Si son tres nodos y se busca continuidad, Ceph. Lo intermedio conviene pensarlo despacio.
Las copias: la mitad del proyecto
Virtualizar concentra riesgo. Antes, si se rompía un servidor, se caía un servicio; ahora, si se rompe el que aloja seis máquinas, se cae la empresa entera. Por eso las copias no son un accesorio del proyecto: son la mitad del proyecto.
Proxmox trae copias integradas, y el fabricante ofrece además un servidor de copias específico que hace respaldos incrementales, deduplica y verifica que lo guardado se puede restaurar. Esa verificación automática es justo lo que falla en la mayoría de las empresas que se llevan un susto.
- Una copia fuera del mismo equipo. Guardar las copias en el propio servidor virtualizado no es una copia: es el mismo punto de fallo.
- Una copia fuera del edificio. Contra incendio, robo y cifrado por ransomware.
- Restauración de prueba periódica. Levantar una máquina de la copia, comprobar que arranca y anotarlo. Sin esta prueba, la copia es una suposición.
Todo esto está desarrollado con más detalle en qué es un plan de recuperación ante desastres, que es el marco donde encajan las copias de un entorno virtualizado.
Qué hardware pide de verdad
Las especificaciones oficiales son modestas y llevan a engaño, porque describen el mínimo para que arranque, no para que aguante tu empresa. Lo que importa es otra cosa.
Memoria. Se suma la de todas las máquinas virtuales previstas, se añade un margen para picos y, si se usa ZFS, se reserva su parte aparte. La memoria es lo primero que se agota.
Discos. Unidades SSD de uso empresarial, con protección frente a corte de corriente. Poner discos de portátil en un servidor de virtualización es barato el primer día y caro el resto.
Red. Si hay clúster, red dedicada entre nodos. Compartirla con el tráfico de los usuarios provoca problemas difíciles de diagnosticar meses después.
Sistema de alimentación. Un corte brusco en un servidor con seis máquinas encendidas puede corromper varias a la vez. El sistema de alimentación ininterrumpida debe además avisar al servidor para que se apague ordenadamente.
Errores que se repiten
Montarlo sin soporte y descubrirlo tarde. Usar el repositorio gratuito en un entorno de producción funciona hasta la primera actualización que rompe algo un martes por la mañana.
Un solo nodo llamado clúster. La alta disponibilidad necesita al menos tres. Con dos, el sistema no puede decidir cuál manda cuando pierden contacto entre sí.
No documentar nada. Qué máquina hace qué, dónde están las copias y cómo se restaura. Si eso vive solo en la cabeza de una persona, el entorno depende de que esa persona coja el teléfono.
Migrar y apagar lo viejo el mismo día. El entorno anterior se mantiene intacto unas semanas. Cuesta unos euros de electricidad y evita el peor de los escenarios.
Las licencias que sigues necesitando
Hay una confusión frecuente que conviene deshacer antes de echar cuentas: cambiar de plataforma de virtualización no cambia las licencias de lo que corre dentro.
Si tus máquinas virtuales llevan Windows Server, esas licencias se siguen pagando igual, con sus reglas de licenciamiento por procesador y sus licencias de acceso para los usuarios. Lo mismo ocurre con la base de datos, con el ERP o con cualquier programa comercial que se ejecute dentro.
Lo que se ahorra es la capa de virtualización, que en instalaciones pequeñas y medianas puede ser una parte importante de la factura anual, pero no es la factura entera. Cualquier comparativa que prometa un ahorro del cien por cien está mezclando cosas distintas.
Conviene además revisar dos detalles con el fabricante de cada aplicación antes de mover nada. El primero, si su soporte cubre la nueva plataforma. El segundo, si su licenciamiento cambia al virtualizar: hay productos que se licencian por servidor físico y otros por máquina virtual, y esa diferencia puede alterar la cuenta en cualquiera de las dos direcciones.
Con esos números encima de la mesa —licencias de plataforma, licencias de lo que corre dentro, hardware y horas de migración— la decisión deja de ser una cuestión de moda y pasa a ser una comparación honesta a tres años. Que es como conviene mirar cualquier cambio en la infraestructura tecnológica de una empresa.
Proxmox es una alternativa seria y madura, no un apaño para ahorrar. Sostiene entornos de producción con solvencia y hoy resuelve el problema concreto de muchas empresas, que es una factura de licencias que se ha vuelto difícil de justificar. Con una condición: que alguien sepa administrarlo y que la migración se prepare con inventario, pruebas y marcha atrás. Con eso, el cambio es tranquilo. Sin eso, el ahorro dura hasta el primer susto.
Preguntas frecuentes sobre Proxmox
Es una plataforma de virtualización que permite ejecutar varias máquinas virtuales y contenedores dentro de un mismo servidor físico, administrándolo todo desde el navegador. Sirve para consolidar servidores, hacer copias de máquinas completas y levantar servicios en otro equipo cuando uno falla.
El software es de código abierto y se descarga sin coste. Lo que se paga es la suscripción de soporte, que da acceso al repositorio estable y a la asistencia del fabricante. Para un entorno de producción, contratarla es lo recomendable.
Depende del entorno. VMware tiene más ecosistema, más integraciones y más técnicos con experiencia; Proxmox cuesta mucho menos en licencias y cubre lo mismo en instalaciones pequeñas y medianas. El factor que decide suele ser quién va a administrarlo y si tus aplicaciones críticas están soportadas.
Sí, existen herramientas para importar máquinas virtuales de una plataforma a otra. La parte delicada no es la importación en sí, sino comprobar antes que las aplicaciones críticas siguen soportadas y tener copias verificadas por si hay que volver atrás.
Un servidor con procesador que admita virtualización, memoria suficiente para todas las máquinas previstas y discos rápidos. Para alta disponibilidad hacen falta al menos tres nodos y una red interna dedicada entre ellos.
¿Renovar licencias o cambiar de plataforma?
Miramos tu entorno, echamos los números de las dos opciones y te decimos cuál sale mejor en tu caso concreto. Con las horas de migración incluidas en la cuenta.
Cuéntanos qué tienes montado Sin compromiso · Respuesta en menos de 24 h