Redes y Conectividad

Cableado estructurado: qué es, tipos, normativa e instalación

17 min de lectura
En que consiste el cableado estructurado?

Por · Cofundador de Sale SystemsCofundador

Una oficina se muda un fin de semana. El lunes hay treinta personas sentadas, con sus ordenadores encendidos, y la red va a trompicones: las videollamadas se cortan, el servidor de archivos tarda, dos puestos directamente no tienen línea. Nadie ha tocado nada. El problema estaba desde el primer día, dentro de la pared.

El cableado estructurado es lo que evita esa escena. Es la infraestructura física por la que circulan los datos, la voz y buena parte de los sistemas de una empresa, montada con un método y unas normas concretas en lugar de tirando cable a ojo.

Este artículo cuenta qué es exactamente, de qué partes se compone, qué tipos de cable existen y para qué sirve cada uno, qué dice la normativa y —lo que más dinero ahorra— qué tienes que exigirle a quien te lo instale.

Qué es el cableado estructurado

El cableado estructurado es un sistema de cableado de telecomunicaciones diseñado como un conjunto ordenado y no como una suma de tiradas sueltas. Se planifica entero, se instala con componentes de la misma categoría y se documenta, de forma que cualquier puesto de trabajo pueda conectarse a cualquier servicio —red de datos, telefonía IP, cámaras, control de accesos— sin volver a abrir paredes.

La palabra clave es estructurado. Lo contrario, que es lo que hay en muchas oficinas, es un cableado crecido por acumulación: alguien tiró un cable cuando llegó un empleado nuevo, otro añadió un switch bajo una mesa, y al cabo de unos años nadie sabe qué cable va a dónde. Funciona hasta que deja de funcionar, y entonces localizar la avería cuesta más que haberlo hecho bien desde el principio.

Un sistema estructurado se apoya en tres ideas sencillas:

  • Independiente del uso. El mismo cable sirve hoy para un ordenador y mañana para un teléfono IP o un punto de acceso wifi. La toma no cambia; cambia lo que enchufas.
  • Topología en estrella. Todos los puestos van a un armario central. Nada se encadena de mesa en mesa, así que la avería de un punto no arrastra a los demás.
  • Documentado y etiquetado. Cada toma tiene un número que coincide con el del panel de parcheo. Sin eso, el sistema deja de ser estructurado el día que alguien lo toca.

Los seis subsistemas de una instalación

La norma divide la instalación en bloques con una función clara cada uno. Conocerlos ayuda a entender un presupuesto y a saber de qué te están hablando cuando el instalador dice que «hay que ampliar el vertical».

1. Acometida y sala de equipos. Es el punto por donde entra el servicio del operador al edificio y la sala donde viven los equipos centrales: el rack principal, el router, los switches troncales y, a veces, el servidor. Suele ser el sitio peor cuidado del edificio y el que más problemas causa cuando falta espacio o ventilación.

2. Cableado vertical o troncal. Une la sala de equipos con los armarios de cada planta o de cada zona. Cuando el edificio tiene varias plantas, es la columna vertebral: por ahí pasa todo el tráfico agregado. Se monta con fibra óptica o con cobre de categoría alta, según la distancia y el caudal que tenga que mover.

3. Armario o sala de telecomunicaciones. Es el rack de planta donde terminan todos los cables de esa zona. Dentro están los paneles de parcheo, los switches y el sistema de alimentación. Un armario bien montado se entiende de un vistazo; uno mal montado es una madeja en la que nadie quiere meter la mano.

4. Cableado horizontal. Es el que va del armario de planta a cada toma de usuario. Es el grueso de la instalación, el que más metros suma y el que condiciona la velocidad que llega a cada mesa.

5. Área de trabajo. La toma de la pared o del suelo técnico, el latiguillo que va de la toma al ordenador y lo que se conecta ahí. Parece la parte tonta y es donde más gente se deja el rendimiento: un latiguillo barato de categoría inferior estropea una instalación impecable.

6. Administración. El etiquetado, los planos y el registro de qué toma corresponde a qué puerto. No es cable, es papel, y es la diferencia entre resolver una incidencia en diez minutos o en tres horas.

La regla de los 90 metros y por qué no se salta

En cableado de cobre existe un límite que no es una recomendación: el enlace permanente —del panel de parcheo a la toma— puede medir como máximo 90 metros, y los latiguillos de los dos extremos suman 10 metros más. En total, 100 metros de canal.

Ese límite viene de la física de la señal, no del capricho de un fabricante. Pasada esa distancia la atenuación crece y las tramas empiezan a perderse; el equipo negocia una velocidad más baja o la conexión se vuelve intermitente. Lo peor es que no falla del todo: funciona a medias, que es la avería más cara de diagnosticar.

Cuando la distancia se pasa de largo, la solución no es empalmar cable. Es llevar fibra hasta un armario intermedio y volver a repartir cobre desde ahí. Sale más caro el día de la obra y sale mucho más barato durante los quince años siguientes.

Tipos de cable: las categorías del par trenzado

El cable de cobre de red es par trenzado, y se clasifica por categorías. Cada categoría define hasta qué frecuencia y a qué velocidad puede trabajar de forma fiable. Esta es la tabla que importa a la hora de decidir:

Categoría Velocidad y alcance Dónde tiene sentido hoy
Cat 5e 1 Gbps hasta 100 m Instalaciones antiguas que aún cumplen. No se monta nuevo.
Cat 6 1 Gbps hasta 100 m · 10 Gbps hasta 55 m El mínimo razonable en una oficina pequeña y con tiradas cortas.
Cat 6A 10 Gbps hasta 100 m El estándar recomendable en obra nueva. Aguanta wifi de última generación y PoE exigente.
Cat 7 / 7A 10 Gbps con apantallamiento por par Entornos con mucha interferencia eléctrica. Usa conectores propios, no RJ45 estándar.
Cat 8 25 y 40 Gbps hasta unos 30 m Interconexión dentro del centro de datos, no cableado de oficina.

Además de la categoría, el cable se clasifica por su apantallamiento: UTP sin pantalla, FTP con una pantalla global y STP o S/FTP con pantalla en cada par. Cuanto más apantallado, mejor se defiende del ruido eléctrico de motores, fluorescentes o maquinaria, y más exigente es la instalación: una pantalla mal conectada a tierra es peor que no llevarla.

¿No sabes qué categoría tiene el cableado de tu oficina? Revisamos tu instalación de red y te decimos qué aguanta y qué no.

Fibra óptica: cuándo hace falta y cuál elegir

La fibra no compite con el cobre: cubre lo que el cobre no llega a cubrir. Se usa en el cableado vertical, entre edificios, para unir armarios distantes y para enlaces que necesitan mucho caudal sin latencia añadida.

  • Multimodo OM3 y OM4. Distancias de decenas o pocos cientos de metros con equipos de coste contenido. Es lo habitual dentro de un edificio o entre naves cercanas.
  • Monomodo OS2. Distancias largas, de kilómetros, y capacidad para crecer sin cambiar la fibra. Es lo que se tiende cuando hay obra de por medio y no quieres repetirla.

La regla práctica es sencilla: si hay que abrir zanja o pasar entre edificios, se tiende monomodo aunque hoy sobre. El coste de la fibra es una fracción del coste de la obra civil, y la obra no se repite dos veces.

Qué categoría necesita tu empresa

La pregunta no es qué categoría es mejor, sino qué vas a enchufar en esa toma durante los próximos diez años. Tres cosas mandan en esa decisión.

El wifi. Un punto de acceso moderno puede superar el gigabit de tráfico agregado. Si lo alimentas con un cable de categoría 5e, el cuello de botella no está en el aire: está en el cable que sube al techo. Los puntos de acceso son el primer sitio donde conviene poner categoría 6A.

La alimentación por el propio cable (PoE). Cámaras, teléfonos, puntos de acceso y pantallas se alimentan hoy por el cable de red. Las versiones actuales de PoE entregan hasta 60 y 90 vatios, y eso calienta el mazo de cables. Un cable de mayor sección y mejor construcción aguanta ese calor sin perder prestaciones; uno barato, no.

La vida útil de la obra. El cable es la partida más barata de la instalación y la más cara de sustituir, porque sustituirla significa volver a abrir techos. Subir de categoría encarece el material, y evita repetir la obra completa a mitad de camino.

El material —cable, tomas, paneles— rara vez pasa de un tercio del presupuesto de una instalación. El resto es mano de obra, canalización y certificación. Ahorrar en el cable ahorra sobre el tercio pequeño y compromete los otros dos.

Qué dice la normativa: TIA-568, ISO/IEC 11801 y EN 50173

Tres familias de normas describen cómo debe montarse un sistema de cableado estructurado. No son idénticas, pero se solapan casi por completo:

  • ANSI/TIA-568, de origen estadounidense, define la arquitectura clásica en subsistemas y los parámetros de prueba del cableado de par trenzado.
  • ISO/IEC 11801 es la norma internacional equivalente y usa la nomenclatura de clases —Clase D, E, EA, F— en lugar de categorías.
  • EN 50173 es la adaptación europea de la anterior, y es la que se cita en los proyectos que se ejecutan en España.

Que una instalación «cumpla la norma» no es una frase de marketing: significa que las distancias, los radios de curvatura, la separación respecto a las líneas eléctricas, el tipo de canalización y los valores medidos en cada enlace están dentro de lo que la norma exige. Y eso se demuestra con un documento, no con una palabra.

Cómo se hace una instalación, paso a paso

Un proyecto de cableado estructurado bien llevado sigue siempre el mismo orden. Si en el presupuesto que te pasan falta alguno de estos pasos, conviene preguntar por qué.

Proyecto y plano de puntos. Antes de comprar un metro de cable se decide cuántas tomas lleva cada puesto, dónde van los armarios, por dónde discurren las canalizaciones y qué categoría se instala. Aquí se resuelve el noventa por ciento de los problemas futuros.

Canalización. Bandejas, tubos o canaletas por donde irá el cable, separadas de las líneas eléctricas para evitar interferencias y con espacio de sobra. Una canalización llena al cien por cien el día de la entrega es una canalización que no admitirá ni un cable más.

Tendido. Se pasan los cables respetando el radio de curvatura y sin tirones. El par trenzado es delicado: estirarlo en exceso o doblarlo en ángulo destroza el trenzado interno y arruina las prestaciones sin que se note por fuera.

Conexionado. Tomas, paneles de parcheo y armarios. Aquí se respeta el destrenzado máximo de cada par y el mismo código de colores en los dos extremos. Es trabajo fino, y es donde se separa un buen instalador de uno rápido.

Etiquetado y documentación. Cada toma con su código, cada panel con su numeración, y un plano que refleje la realidad de lo instalado. Es la parte que más se salta y la que más se echa de menos.

Certificación. La medición final, enlace por enlace, con un equipo homologado. Sin esto, lo anterior es una promesa.

La certificación: el documento que tienes que exigir

Certificar un cableado consiste en medir cada enlace con un certificador —un equipo específico, no un simple comprobador de continuidad— y comparar los valores obtenidos con los que exige la norma para esa categoría. Se comprueban, entre otros parámetros, la pérdida de inserción, la diafonía entre pares, la pérdida de retorno y el retardo de propagación.

El resultado es un informe con una línea por cada toma y un veredicto de apto o no apto. Ese informe es lo que convierte una instalación en un activo con garantía: los fabricantes de sistemas de cableado ofrecen garantías de veinte o veinticinco años, pero solo sobre instalaciones certificadas por instaladores acreditados.

Si contratas una instalación de red y no te entregan ese documento, no tienes forma de saber si el cableado cumple. Y el día que la red vaya lenta, nadie podrá decirte si el problema está en el cable, en el switch o en el operador.

Cableado y wifi: uno sostiene al otro

Cuando en una oficina el wifi va mal, la conversación suele girar en torno a los puntos de acceso: que si hay pocos, que si son antiguos, que si hay que cambiar de marca. En una parte importante de los casos el problema no está en el aire, sino debajo.

Un punto de acceso necesita dos cosas del cableado: caudal suficiente para sacar todo el tráfico de los dispositivos conectados y alimentación estable por PoE. Si el cable que llega al techo es antiguo, corto de categoría o comparte canalización con una línea eléctrica, el punto de acceso trabajará por debajo de lo que puede dar, y ninguna configuración lo arreglará.

Por eso una instalación bien pensada reserva desde el proyecto la posición de cada punto de acceso —normalmente uno cada ciento cincuenta o doscientos metros cuadrados de oficina diáfana, y siempre más de los que parecen necesarios en salas de reuniones— y le lleva cable de la mejor categoría del proyecto. Cuesta poco más y evita rehacer techos dos años después.

Cuántas tomas necesita cada puesto

Dimensionar es la decisión con más consecuencias y la que se toma más deprisa. La cuenta no es «una toma por persona»: es sumar todo lo que en esa zona va a necesitar conexión durante la vida de la instalación.

En un puesto de oficina estándar se instalan dos tomas: una para el ordenador y otra de reserva para un teléfono IP, una impresora, un lector de accesos o una segunda pantalla con conexión de red. En salas de reuniones, entre dos y cuatro, según la pantalla y el sistema de videoconferencia. Y en cada armario conviene dejar libre entre un veinte y un treinta por ciento de los puertos del panel.

Esa reserva es lo que permite reorganizar la oficina un sábado en lugar de contratar una obra. La diferencia de coste, el día de la instalación, es el precio de unos metros de cable y unas tomas más; el día que falten, es volver a llamar al instalador.

Los errores que se pagan caros

  • Una sola toma por puesto. El teléfono, la impresora de red o una segunda pantalla con conexión acaban compartiendo la línea con un switch de sobremesa. Dos tomas por puesto es el estándar sensato.
  • Latiguillos de mala calidad. El enlace certificado llega hasta la toma; a partir de ahí, un latiguillo de dos euros puede tirar por tierra la categoría de toda la instalación.
  • Compartir canalización con la corriente. El cable de datos junto al eléctrico y sin separación es una fuente permanente de errores intermitentes, de esos que aparecen solo cuando arranca el aire acondicionado.
  • Armarios sin ventilación. Un rack cerrado en un cuarto sin renovación de aire acorta la vida de los switches y provoca cortes que nadie relaciona con la temperatura.
  • No dejar reserva. Ni tomas de más, ni espacio libre en los paneles, ni holgura en la canalización. Toda empresa crece o se reorganiza; la instalación tiene que admitirlo.

Cuánto dura y cuándo toca renovarlo

Un cableado bien instalado dura entre quince y veinte años sin tocarlo. No se estropea con el uso: lo que lo deja obsoleto es que la red pida más de lo que el cable puede dar. Una instalación de categoría 5e montada hace quince años sigue funcionando, pero pone techo a todo lo que enchufes hoy.

Hay tres señales de que ha llegado el momento de renovar. La primera, que la red vaya lenta solo en algunas zonas de la oficina, lo que apunta a enlaces concretos degradados. La segunda, que nadie sepa qué cable va a dónde, porque entonces cada cambio se convierte en una incidencia. Y la tercera, la más frecuente: una mudanza o una reforma, que es el momento en que rehacer el cableado cuesta una fracción de lo que costaría por separado.

Preguntas frecuentes sobre cableado estructurado

Es el sistema de cableado de un edificio diseñado y montado como un conjunto, con una topología en estrella y siguiendo una norma. Sirve para que cualquier puesto pueda conectarse a la red de datos, a la telefonía IP, a las cámaras o al wifi usando la misma infraestructura, y para que localizar una avería o mover un puesto sea cuestión de minutos.

La instalación se divide en cableado vertical o troncal, que une la sala de equipos con los armarios de cada planta, y cableado horizontal, que va de esos armarios a cada toma de usuario. El vertical suele ser fibra óptica o cobre de categoría alta; el horizontal, par trenzado de cobre.

En cobre, par trenzado de categoría 5e, 6, 6A y, en entornos con mucha interferencia, categorías apantalladas 7 y 7A. En fibra, multimodo OM3 y OM4 para distancias dentro de un edificio y monomodo OS2 para tiradas largas o entre edificios.

Noventa metros desde el panel de parcheo hasta la toma, más diez metros de latiguillos entre los dos extremos: cien metros de canal en total. Superar esa distancia provoca pérdidas de señal y conexiones intermitentes. Cuando hace falta llegar más lejos, se lleva fibra hasta un armario intermedio.

En una instalación nueva, categoría 6A. Da diez gigabits en los cien metros completos, soporta bien la alimentación por PoE de puntos de acceso y cámaras, y encarece el material lo justo frente al coste de repetir la obra dentro de unos años.

Porque es la única forma de demostrar que cada enlace cumple los valores que exige la norma para su categoría. El informe de certificación, toma a toma, es además el requisito que piden los fabricantes para conceder sus garantías de veinte o veinticinco años sobre el sistema instalado.

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Quién escribe
Javier Horcajuelo Muñoz
Javier Horcajuelo Muñoz Cofundador de Sale Systems · Director de Sistemas y Seguridad Informática Ver perfil →

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