Cómo tomar decisiones importantes

Cómo tomar decisiones importantes

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Somos el resultado de las decisiones que tomamos cada día. La mayoría de estas decisiones son banales y las tomamos de una forma casi instintiva, sin apenas pensar.

¿Qué ropa me pongo hoy? ¿Mañana como pasta o verdura? ¿Voy a tomar ese café o me quedo en casa?

Sin embargo, otras decisiones requieren de un esfuerzo y una reflexión mucho mayores. Estas son las decisiones importantes, en las que sabemos que nos jugamos demasiado porque decantarse por una opción u otra puede llegar a cambiar el rumbo de nuestra vida o de nuestro negocio.

¿Qué carrera prefiero? ¿Acepto esa oferta de trabajo? ¿Lanzo ese negocio? ¿Mi empresa necesita una página web?

Pero, ¿Cómo tomar decisiones importantes de forma adecuada? Te damos las claves en este artículo.

¿Por qué es tan complicado tomar decisiones importantes?

Tomar este tipo de decisiones importantes en cualquier contexto de nuestra vida (personal, laboral…) nos resulta complicado y nos genera estrés y ansiedad.

Incluso muchas veces terminamos postergando la elección, algo que no hace más que agravar la incertidumbre, sobre todo si tenemos una fecha límite para decidir.

¿Por qué nos resulta tan difícil tomar estas decisiones más complejas?

Para comprenderlo debemos analizar el proceso mental que seguimos para tomar una decisión:

Identificar la decisión: tener claro que necesitamos tomar una decisión y qué implicará en nuestra vida o en nuestro proyecto.

Determinar el objetivo: saber qué queremos lograr tomando esa decisión y hasta qué punto esa meta es importante para nosotros o para nuestro negocio.

Recopilar información: recopilar los datos que necesitamos para tomar una decisión (lecturas, informes, testimonios, experiencias…) y analizarlos.

Identificar opciones: qué opciones están a nuestra disposición.

Evaluar las opciones: establecer las ventajas y desventajas de cada opción disponible.

Seleccionar una opción predilecta: Tras clasificar las opciones, toca elegir la mejor para nosotros.

Todos atravesamos estas fases antes de tomar una decisión ya sea de forma consciente o inconsciente. Estas fases no tienen por qué ser lineales, podemos ir y venir entre ellas.

Por ejemplo, podemos estar evaluando opciones y darnos cuenta de que no tenemos suficiente información. En ese caso, debemos volver a la etapa previa y recopilar datos antes de continuar.

Como ves, el trabajo que lleva a cabo nuestro cerebro es intenso. Con esto en mente, no es complicado entender por qué nos cuesta tanto completar todo este proceso de toma de decisiones y salir airosos.

Además, este proceso cognitivo no es aséptico, sino que está influenciado por diferentes sesgos psicológicos y emocionales que nos dificultan todavía más nuestra capacidad de elección.

Uno de ellos es el miedo a lo desconocido. Cuando tomamos una decisión dejamos de lado otras alternativas que también son suculentas para nosotros. Entonces tememos perdernos otras experiencias u oportunidades gratificantes.

En otras palabras, tenemos miedo a arrepentirnos de nuestras decisiones en el futuro.

Otros factores que entran en juego en todo este proceso cognitivo y psicológico son la complejidad de la decisión, la incertidumbre y las consecuencias o riesgos. Cuanto mayores o más graves sean, más complicado nos resulta elegir.

El peso de cada uno de estos factores dependerá de cada persona. Hay quien acepta de mejor grado la incertidumbre y quien no. Las experiencias pasadas y los rasgos de nuestra personalidad influyen en la importancia que damos a cada factor.

En ocasiones, las emociones, los sesgos cognitivos y el agotamiento intervienen en el proceso de toma de decisiones impidiendo que lo concluyamos y conduciéndonos a una mala decisión.

Por fortuna, tomar decisiones en la vida es una habilidad que se puede aprender. Vamos a ver las claves para ayudarte a tomar decisiones difíciles de forma efectiva.

¿Cómo tomar decisiones importantes de forma correcta?

Primero, debes entender que no todas las decisiones importantes son decisiones difíciles. Lo vemos con un ejemplo.

Te hacen una oferta de trabajo para un puesto de trabajo similar, pero con una diferencia de 200 € en la nómina a final de mes. ¿Preferirías cobrar más o menos? La decisión aquí es evidente porque es un factor medible. Por tanto, es una decisión importante fácil de tomar.

El asunto se complica cuando las cualidades de cada opción no son comparables de forma individualizada. El salario es fácil de comparar, pero ¿y el entorno laboral? Este factor no se puede reducir a un número. Por tanto, no se puede cuantificar ni comparar de forma objetiva.

El error que muchos cometemos es intentar hacer una comparación directa cuando es imposible. Damos por hecho que una alternativa debe ser objetivamente mejor que la otra, y nos esforzamos en buscar los factores responsables de esa superioridad objetiva, aunque no existan.

Las elecciones difíciles lo son, no por nosotros o por nuestra ignorancia; son difíciles porque no hay una opción que sea mejor en términos objetivos y no hay una escala para medirlas.

En esas elecciones entran en juego nuestros valores, nuestra personalidad, nuestra experiencia y nuestros sesgos. Y estos no se representan con un número. ¿Cómo podemos corregir este problema?

No hay ningún truco mágico para tomar una decisión importante de forma más sencilla. Lo que sí que puedes hacer es comprender por qué te resultan complicadas esas decisiones difíciles y desarrollar estrategias que te faciliten el proceso.

Evita reducir todo a una cifra

Tienes que ser capaz de romper con el hábito de cuantificar todo y reducirlo a una cifra. Como hemos visto, esos factores esenciales que intervienen en la toma de decisiones no se representan con una cifra.

Por tanto, debes intentar dejar de cuantificar o monetizar los valores, no es posible hacerlo. Esto solo te confunde todavía más.

Por el contrario, intenta pensar de forma más general en cada opción hasta que reconozcas que una no es objetivamente mejor que la otra.

Piensa en quién quieres ser y qué resultado quieres obtener

Cuando tomamos una decisión la pregunta que golpea nuestra mente es: ¿qué quiero hacer? En cambio, lo que deberías cuestionarte es ¿Quién quiero ser? Imagina cómo tu decisión cambiará tu identidad.

Nuestras decisiones construyen nuestra identidad. Utiliza esta estrategia para ayudarte a descubrir quién quieres ser y en qué te quieres convertir.

De igual modo, si se trata de una decisión empresarial, debes pensar en qué resultado deseas conseguir de esa decisión y qué opción se ajustan más a esos resultados.

Reduce los factores que tienes en cuenta para tomar la decisión

Como hemos visto al inicio del artículo, el análisis de datos es una de las etapas clave del proceso de toma de decisiones. Para facilitar este proceso de investigación y recopilación podemos echar mano de la tecnología través del Big Data. Esta fase es clave, pero no debemos dejar que nos nuble.

Intenta reducir la cantidad de factores que estás valorando para tomar una decisión y céntrate en las verdaderamente relevantes, aquellas que se acercan a los resultados que esperas conseguir.

Déjate asesorar, pero decide tú

Cuando tomamos una decisión nos puede resultar muy útil contar con la opinión y las experiencias de aquellos a quienes valoramos como amigos o compañeros de trabajo. También un asesoramiento externo (consultor, coach…) puede resultar fructífero.

Estos contactos nos ayudan a ver nuevas perspectivas de las diferentes opciones que barajamos o incluso nos ayudan a fijarnos en detalles que antes habíamos pasado por alto. Además, durante estas charlas solemos revelar cuál es nuestra opción preferida sin darnos cuenta.

Conversar es una estrategia que facilita la toma de decisiones correctas, pero considera las opiniones de los demás como eso, como simples consejos. Al final debes tomar la decisión que creas adecuada para ti o para tu proyecto, no para los demás.

Crea razones propias

Cuando tomamos decisiones importantes nos guiamos por razones dadas que suelen estar creadas por el contexto que nos rodea. Debemos evitar esto si queremos acertar en nuestras elecciones y ser capaces de crear nuestras propias razones, nuestro propio ecosistema de juicio. Solo así nos convertimos en autores de nuestra propia historia.

Tal y como señala Ruth Chang, filósofa de la Universidad de Oxford, cuando creamos razones para nosotros, para ser el tipo de personas que queremos ser, nos convertimos totalmente en las personas que somos. Se podría decir que llegamos a ser los autores de nuestras propias vidas.

En cambio, las personas que no ejercen su poder normativo en elecciones difíciles van a la deriva. Y quienes van a la deriva dejan que el mundo escriba la historia de sus vidas permitiendo que los mecanismos de recompensas y castigos, las palmaditas en el hombro, el miedo y la facilidad de una opción determinen quiénes son o a dónde deben llegar.

Sigue tu intuición

Si sientes que todos estos recursos te fallan y no logras averiguar la opción a elegir, confía en este viejo recurso: escucha tu instinto.

Tomate un tiempo y presta atención lo que tu interior tiene que decirte. Detente un minuto. Respira hondo varias veces, cierra los ojos y piensa en una de las opciones a elegir. Observa cómo responde tu cuerpo. Si te contraes o sientes un nudo en el estómago, es una negativa.

En cambio, si sientes agitación, pero a la vez te sientes emocionado y con ganas de más, eso es un sí, aunque te suponga salir de tu zona de confort. Toma la decisión y sigue adelante.

Lo que hagamos ante las decisiones difíciles depende mucho de nosotros, puesto que reflejan dónde fijamos nuestra determinación, qué decidimos apoyar, en qué persona nos queremos convertir o hasta dónde queremos llegar con nuestro negocio.

Y sí, vas a asumir riesgos y te puedes equivocar, pero también te llevarás una gran lección si lo haces. En estos casos, debes aprender de los errores y utilizar todo ese conocimiento la próxima vez que te plantees cómo tomar decisiones difíciles para aprender a tomar decisiones correctas.

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